lunes, 15 de junio de 2015

"Yo soy" de Alejandra Pizarnik




Yo Soy



mis alas?

dos pétalos podridos


mi razón?

copitas de vino agrio


mi vida?

vacío bien pensado


mi cuerpo?

un tajo en la silla


mi vaivén?

un gong infantil


mi rostro?

un cero disimulado


mis ojos?

ah! Trozos de infinito

Alejandra Pizarnik

"Borges y yo" de Jorge Luis Borges



BORGES Y YO


Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo xviii, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mi podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

Jorge Luis Borges

lunes, 8 de junio de 2015

Mi atrapasueños

Mi atrapasueños

Mamá...no me gusta que llores...

Matina le dice sin entender por qué lo hace, sin entender por qué papa se va y cierra de golpe la puerta a esas horas. Sabe que algo anda mal, pero seamos sinceros, mucho no sabe. Ella ve como estoy y me doy cuenta que su corazón pierde algo en su interior, algo vital, es demasiado pequeña para entender qué significa eso, cuanto vale eso que pierde. Soy su hermano, debería ayudarla, acurrucarla y salvarla de los monstruos del mundo. Pero solamente observa como me encierro y no le ofrezco respuesta alguna. Le falle.

Ella tomó un papelito y escribió una frase en él, nadie jamás lo supo, siguió a su papa y lo abrazó guardándolo en su bolsillo. Ese era un secreto. Un secreto entre ella y su padre. Jamas olvidaría esa noche, el jamás volvería o eso creía yo.

Ella se para al lado de mi cama hasta que me despierto y la veo. Tiene un libro en sus manos, uno que tiene una princesa llorando en un rincón y garras marcadas en la puerta de su habitación. Quiere que se lo lea. No contesto. Ella ve como cierro los ojos intentando de desaparecer del mundo.

Se escondió bajo mi cama, días, semanas y meses esperando que me levantara. Mama le traía la comida, y Matina me obligaba a comer, era la única que podía entrever en lo mas profundo de mi y ella odiaba lo que veía, que quería morir, eso no podía ser así, no en su país de las maravillas donde todo se resuelve por ley universal.

Los cuentos no son la realidad, ella hay veces que no se preocupa por el final, es un escritora muy vaga, no ama tanto a sus personajes. Pero, aun así, sin comprender del todo, creo yo,  Matina me ayuda a levantarme después de tanto tiempo y me acompaña hasta la cocina, me ha preparado galletitas. Deliciosas galletitas.

Mientras yo dormía, ella aprendía a leer utilizando ese cuentito de la princesa que lloraba. Un día le pregunté: "¿Queres que te lea el cuento de la princesa ahora que me siento mejor?"; y ella respondió orgullosa y un poco indignada "¿Qué no sabes, Martín? Ya puedo leerlo solita. Pero... puedo leertelo si queres...". Sonreí y ella fue a buscar el libro. Siempre seria así. Yo siempre iba a andar fallando y ella triunfando, siempre yo me encerraba y ella seguía a mi padre abrazándolo y guardándole un papelito, una y otra vez.

Se sienta en el sillón del living que es perfecto para relatar cuentos y comienza a hablar. Creo que va a tartamudear y parece algo nerviosa.  Pero me sorprende, lee como si su vida dependiera de ello, como si tuviera en su mano todos tus sentimientos cual arpa y los tocara con pasión y delicadeza, cada uno a su tiempo, cada uno cuando debe ir. Mama se sienta a mi lado, sin embargo, en la mitad del cuento comienza a llorar y se va a su dormitorio. Matina sigue aunque no le guste que mamá llore, y ahí me doy cuenta, realmente su vida depende de esto: seguir la historia, seguir leyendo o escribiendo o como sea.

Leyó aquella historia que me entristecía, pero no la frene, ella estaba feliz, no podía quitarle eso por segunda vez. Luego de que la felicitará, fue a buscar a su madre. No escuche de que hablaban, pero ella comenzó a cantarle una canción mía a nuestra madre. Eso le dio esperanzas. Yo siempre admire que tuviera tanta fuerza, tanta fe, ella fue mi único sostén y nuestro único atrapasueños.

Mamá...no me gusta que llores...

Con los años, Matina creció y transmitió esperanzas a todos los que conoció, nunca pude entender por qué, de dónde sacaba esa vitalidad, ambos vivimos lo mismo, tenemos la misma historia, excepto por un detalle que más adelante me confesaría. Yo, en cambio, fracase en muchas cosas y si tuve éxito en algo fue gracias a ella, yo siempre me encerraba y ella seguía a mi padre, lo abrazaba y guardaba una pizca de esperanzas en su bolsillo, sin cesar.

Hoy se encuentra acostada sobre la cama, un atrapasueños es lo primero que noto en la habitación, luego la veo a ella, casi diminuta, irreconocible, entre las paredes blancas del hospital. Su cuento está sobre la mesita de luz, ella se despierta y se lo leo, apenas puede moverse, la enfermedad la consume. La manija de la puerta tiembla, pero luego se frena y se escucha que alguien golpea. Dejo el cuento y pregunto quién es, aunque ya sé quién es.

Hector...

La miro rápidamente, como preguntándole qué debo hacer. Matina levanta la cabeza un poco y me hace un gesto de afirmación. Abro la puerta, mi padre frente a mi después de tanto tiempo, no hago gesto alguno, tampoco algún sentimiento, esquivo su abrazo y los dejo solos.

Él se acerco y le besó la cabeza. Ella no guardaba rencor, sabia que volvería, a diferencia de lo que yo creía. Ella le señalo una caja y le dijo que no la abriera hasta que supiera que debía hacerlo. Luego le preguntó por qué había vuelto y el dijo casi susurramdo "El papel que dejaste en mi bolsillo...lo encontré...y no pude...". Comenzó a llorar desconsoladamente, ya no importaba nada, ya era tarde y lo sabía. Ella ya no tenia fuerzas, había llorado demasiado intentando de que los demás no llorarán. Lo abrazo con sus brazos lánguidos y débiles, y canto la canción que estaba en el papelito, la canción de su hermano. Ella solía llamar a esa canción "atrapasueños", eso significaba para ella.

Lo lamento, Martín. Realmente lo lamento.  Ella me dijo que te diera esta carta.

En esa carta se encontraba toda la historia de lo sucedido. Lo que me permitió darme cuenta de cómo habían sido las cosas, de cuánto la amaba y la amaré, y lo importante que fueron para ella las esperanzas.  Mamá había decidido quedarse junto al cuerpo un rato más para despedirse. Así que, me quede leyéndola y mi padre estuvo a mi lado en silencio. Termine de leerla llorando, ya que ella me pedía que perdonara a mi padre, aunque fuera muy difícil. No sabia si estaba listo, yo no era valiente como ella, jamás lo había sido. Por lo cual, me encerré en el baño unas cuantas horas.

Alguien toca la puerta, me había dormido sobre la puerta. El olor a jabón mezclado con olor a sucio me da ganas de vomitar. Observo mi reloj, hace tres horas que murió Matina. Más golpes. Escucho una voz del otro lado: "Mira, Martín. No quiero molestarte, tal vez ni siquiera quieres hablarme o verme, pero ella me pidió que te diera esto". Una hoja doblada y arrugada pasa por debajo de la puerta.

Su padre le entregó la letra de una de sus canciones. De repente, supe qué tenía que hacer. Por primera vez, no estaría encerrado, sino que estaría abrazando a mi padre y guardando el papelito en sus bolsillos. Realmente nuestras vidas dependían de esto: de que siguiéramos leyéndonos; ella solamente quería que nos diéramos cuenta de esto, de cuánto nos hacía falta. No podía vivir sin esperanzas, no podía vivir sin perdonar, eso no era vida, era encierro.

Tal vez la realidad es similar a los cuentos, si nos percatamos de esto a tiempo. Matina, mi hermana, decide antes de morir solucionar el conflicto latente, y como una gran escritora me convierte en el protagonista, el que debe dar el paso final. Y aquí me encuentro, relatando mi propio final, como ella me enseñó.

Gracias, mi atrapasueños...






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Shasmine Cianne



Hola, extraterrestres. ¡Bienvenidos a mi mundo! Este blog para mí es como un diario de viaje donde puedo ser yo misma y ver todo mi progreso a través de los años. Ya somos 40000 visitas y ya son 5 años que dedique a este blog, lo cual me tiene muy entusiasmada ya que he tenido que aprender un montón de cosas para que todo esto siga en pie como lo ven ustedes ahora (la mayor parte de obstáculos fueron voces internas, no las escuchen jamas).